Latinamente combativo

Letreros, en ocasiones nos toca echar la vista atrás para saber de dónde viene nuestra lengua. Si es jugando, resulta más entretenido. Aliud ludus scripturae creativae (para entendernos, otro juego de escritura creativa).

La locución latina en esta ocasión es:

#EntrenaTusLetras #escritora #escritor #SinJugadoresNoHayJuego


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5 responses to “Latinamente combativo”

  1. Avatar de Casaseca.
    Casaseca.

    En la mano un puñal
    que ha desenvainado in íntegrum
    ha de ser mala señal
    aunque murmure un te deum
    animus belligerandi habemus

  2. Avatar de ENIAC
    ENIAC

    —¡Suéltame el brazo, Benito, que no respondo!
    —¿Cómo que diez euros por un cuarto de melón? ¿Estamos locos o qué? ¡Miraa, miraaa, que no respondo! ¡Que se me nubla la vista! ¡Que, que…!
    —Aurora, por favor te lo pido, cálmate. Si quieres ya lo pago yo.
    —De eso nada, monada. Aquí el frutero está intentando tongarme.
    —¡A MÍ!
    —Señora, es piel de sapo. Y por favor, rebaje ese «ánimus belligerandi» que trae.
    —¿Qué cosa me ha llamado? ¡Si sólo son unos granitos! ¡AGÁRRAME, BENITO, QUE LO MATO!

    1. Avatar de Escaut
      Escaut

      😂😂😂

  3. Avatar de Jorge
    Jorge

    #Latinamente
    ANIMUS BELLIGERANDI
    tú muestras siempre conmigo
    aunque digas ser mi amigo
    y tu modus operandi
    sea propio de un miserable
    que cuando llega el momento
    sin el menor argumento
    ¡cobarde! recoges cable.

    Te aconsejo que mañana
    antes de venir a verme
    y ese careto traerme
    tengas o no tengas gana
    ensayes una sonrisa
    mil halagos placenteros
    (de verdad, no de esos hueros)
    y me los digas sin prisa.

  4. Avatar de Escaut
    Escaut

    Don Gregorio, hombre de pocas pulgas, pero muy malas, se levantó el martes con un inexplicable animus belligerandi que le empujó a declarar la guerra a todo el edificio. Salió al descansillo y fulminó a la viuda del quinto con una ráfaga de «¡Buenos días!». Bajó por las escaleras practicando el mejor combate pulgar contra todos los timbres que jamás se haya visto. Llegó al portal, requisó la publicidad de los buzones y la usó para prender fuego al felpudo de bienvenida. Cuando llegó la policía, apagó su audífono y les tendió su carnet de pensionista.

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