Llevábamos varios meses frenéticos y sin darnos cuenta nos estábamos plantado en el final de octubre. Después de tener que lidiar con no pocas cosas entre manos, decidimos organizar algo en el Patio para recuperar un poco el ánimo, así que pensamos en montar un pasaje del terror. Contábamos con algunas lonas y los apilados palets abandonados, además de algunos bártulos viejos que encontramos en su día en el solar.
Nos dimos la maña suficiente para crear una sala lo suficientemente segura como para evitar sustos innecesarios (qué paradoja): paredes sujetas de forma segura, un ancho la suficientemente holgado para el paso de varias personas al mismo tiempo, elementos de cubrición lo bastante estables como para mantener a oscuras el interior y ofrecer un mínimo resguardo del frío de la tarde-noche.
La decoración interior se pudo completar con muebles viejos, cajas de cartón y un bidón metálico que había pasado tiempos mejores. En el interior de estos elementos habíamos dispuesto algunas tiras de luces led en colores rojo y azul, alimentadas por pilas. Con la colaboración de algunos asiduos al Patio dispuestos a disfrazarse de manera monstruosa, el Halloween de 2024 podía comenzar.
Se acercaban las 19:30, hora en la que abriríamos la atracción a todo aquel que quisiera acercarse a pasar un rato y soltar algún que otro grito. La oscuridad dominaba todo el lugar. Por si acaso, le pedimos al Becario que echase un último repaso al pasaje, para asegurarnos de que no había quedado por medio ninguna herramienta que pudiera suponer un obstáculo.
-Sí, oye, pásate luego por aquí, que al terminar pondremos picotéo y eso. – se le oía decirle por teléfono a su colega el Tíiooo – No sé cuándo termin… ¿Pero qué cojones habéis metido en el bidón? ¡Oye, venid aquí, está saliendo humo!
A la voz de alerta del Becario nos dirigimos al interior, en dirección al tercer pasillo del pasaje, que era donde colocamos aquel cilindro hueco y oxidado. Al girar el equinazo nos sorprendió la bruma que emanaba del recipiente, como una densa niebla, no desprendía olor alguno como si algo estuviera ardiendo. Del interior, además, se proyectaba una intensa luz verde esmeralda.
– Ya se han vuelto a confundir los de Aliexpress con el color de las luces – se quejó el Becario. – Pero esa niebla… ¿Qué hemos metido ahí dentro?… – siguió diciendo mientras se asomaba al interior del bidón. De repente, la luz empezó a cobrar más intensidad, a la vez que del interior surgió un alarido agudo que ganaba decibelios por momentos.
– ¡Apártate de ahí,…! – alcanzamos a gritarle, asustados al contemplar aquel extraño escenario, cuando la luz y el alarido alcanzaron una mayor intensidad en un fogonazo que nos lanzó de espaldas, mientras que el becario permanecía inclinado sobre el bidón.
No sé cuánto tiempo debimos estar inconscientes. Al abrir los ojos y conseguir enfocar la mirada, la niebla dominaba toda la estancia y la luz verde, con menor intensidad, seguía bañando el pasillo. Del Becario sólo encontramos su móvil.
-¡¡¿Qué coño ha pasado aquí?!!…

Este es el extraño panorama que tenemos en el Patio. No podemos recordar qué ha podido suceder tras el fogonazo. Echadnos una mano a desentrañar este misterio.
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A jugar, Letreros, os tememos…



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