Estilosa Guiri de hierro

Letreros, seguro que en más de una ocasión os habéis cruzado con alguien que no se encuentra en su hábitat natural, e incluso nos atrevemos a decir que a vosotros os ha tocado interpretar ese papel. Todo un reto descriptivo de escritura creativa.

El personaje que parece estar fuera de lugar en esta ocasión es:

#EntrenaTusLetras #escritora #escritor #SinJugadoresNoHayJuego


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5 responses to “Estilosa Guiri de hierro”

  1. Avatar de Casaseca.
    Casaseca.

    Esgrimiendo un buenas tardes de rigor, la bailarina de danza clásica hizo su entrada al taller. Aunque la esperaban, su presencia dejó boquiabierto a todos. La joven era guapa y estilosa, a nadie le cabía la menor duda, pero no eran sus atributos femeninos la causa del ensimismamiento general, sino que se hubiese presentado ataviada para representar una gran función.
    La bailarina escogió un sendero libre de las chispas incandescentes y las esquirlas fúlgidas que saltaban aquí y allá en una coreografía ordenada y repetitiva. De camino a la oficina del encargado, sorteó con gracia un par de obreros que vertían metal fundido sobre lo que a ella le pareció el sumidero del infierno.
    El encargado la divisó cuando aún le faltaba un trecho para llegar donde él estaba, salió de su despacho y alzó su voz, acostumbrada al mando, muy por encima del bullicio propio de la fundición.
    «Tate quieta ahí, alma de cántaro, que te vas a prender»
    Salió a su encuentro y cuando la tuvo enfrente la asió con firmeza del antebrazo y la sacó a la calle.
    «¡Me cagüen! ¿Pero no le tocaba a tu madre llevarte a clase hoy?»

  2. Avatar de Nuria De espinosa

    #GuiriDelDía

    El calor de la fundición era tan infernal que nadie cuestionó la presencia de una bailarina de ballet: total, un delirio más no iba a cambiar el ambiente. Ella, eso sí, lo tomaba muy en serio. Ajustaba su tutú chamuscado y hacía pliés junto a un horno que podía derretir hasta las ganas de vivir.
    —Disciplina —decía, mientras esquivaba chispas con más gracia que sentido común.
    Los obreros, expertos en hierro, empezaron a notar algo inquietante: desde que ella bailaba, el metal salía… elegante.
    El jefe, desesperado, intentó despedirla. Pero justo ese día, el acero salió tan impecable que decidieron ascenderla a “responsable de estética industrial”.
    Ella aceptó con dignidad, como toda gran artista incomprendida.
    Eso sí, ahora exige música clásica en la fundición y tapones para los oídos. Porque El lago de los cisnes y el ruido industrial… no combinan.

  3. Avatar de Susana Amestoy
    Susana Amestoy

    La más bella bailarina
    se entregó a su soldadito
    regalándole sus prendas
    y él, de plomo
    recubrío su corazón en compromiso.
    Pero se marchó a la guerra
    que sabemos,
    son muy perras.
    Recibió un día una carta
    la bandera y una esquela
    y ahora busca
    derretido un corazón con lentejuelas.

  4. Avatar de rafael ricardo borja mejia
    rafael ricardo borja mejia

    Todos los días pasaba con su tutú por una zona industrial. Un día vio una puerta abierta; en el suelo, carbón al rojo vivo brillaba. El espacio era de gran tamaño y fundían una pieza grande. Los obreros, al sentir su presencia, voltearon y uno de ellos la llamó:
    —Ven y mira de cerca —y salió corriendo encima del carbón ardiente. Dos más lo siguieron.
    Ella se quitó sus medias veladas y, de puntas de pie, dio pasos largos; al terminar, todos gritaron. Ella se sentó con la gracia con que bailan, dejando ver su torso y espalda mientras revisaba esos pies estropeados por el baile. Logró sacarse un callo y las heridas se suturaron con las brasas.
    —¡Eureka! Es magnífico, mira cómo se curaron mis pies.
    Uno de los obreros se acercó:
    —El fuego dañó tanto tus pies…
    Ella respondió:
    —No, es el oficio de bailar.

  5. Avatar de Jorge
    Jorge

    #Guiri
    Marie pasea decidida
    entre moldes y crisoles
    donde fabrican peroles
    y joyería bruñida.
    El bronce, recién fundido
    se traslada con esmero
    por el aprendiz de herrero
    hasta el molde preferido.
    Nuestra niña no adivina
    qué figura ahí se esconde
    o si es solo una bocina.

    Con solo catorce años
    viste tutú y bailarinas
    su talle y formas son finas
    y no teme a los extraños
    que se protegen del fuego
    y del calor de los hornos
    rodeando los contornos
    de la forja como un juego.
    Se le ve muy relajada,
    elástica y desafiante
    y con la cabeza alzada.

    Nuestra pequeña heroína
    parece a alguien buscar
    y escudriña sin cesar
    hasta la última esquina.
    El jefe, un viejo herrero,
    se emociona al verla allí
    y le dice «ven aquí»
    «¿Sabe usted qué es lo que quiero?»
    «Degas fue tu creador
    y tu molde primigenio
    conservo aquí con amor».

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