Enmascarado de reciclaje

Letreros, si conocéis el famoso juego de mesa os podéis hacer una idea de lo que toca hoy. Un reto de escritura creativa donde vence aquel que sabe qué ocultar.

La palabra a ocultar en esta ocasión es:

#EntrenaTusLetras #escritora #escritor #SinJugadoresNoHayJuego


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5 responses to “Enmascarado de reciclaje”

  1. Avatar de Casaseca.
    Casaseca.

    Bajo un montón de gurruños,
    caída en desigual combate,
    yace abrumada una cesta
    que antes contuvo tomates.

    La alimento con papeles,
    roto, arrugado o doblado
    le lanzo trozos de goma
    y hasta un moco redondeado.

    No refunfuña la cesta
    no parece molestarle,
    más si que nadie la llame
    mi muhé llega al rescate.

    ¡Limpia tu mesa, asqueroso!
    ¡Saca la basura vieja!
    ¡Deja de crear un rato,
    que no es mala la limpieza!

  2. Avatar de ENIAC
    ENIAC

    El rincón de las ideas muertas
    permanece lleno de folios.
    Cuarenta y cinco fueron puertas
    del campo vasto de los bodrios.
    Del peor crimen, en efecto
    que pudo causar la apatía,
    la falta de inspiración,
    ¡qué ironía!
    Y aquí juego en mi habitación
    a una suerte de baloncesto.

  3. Avatar de Jorge
    Jorge

    #Enmascarado
    Con orgullo he de decir
    que hace ya cuarenta años
    gracias a ti, sin engaños
    una ciudad fui a parir
    con la que pude aprobar
    tras nueve horas pintando
    aquel examen nefando
    del arte de diseñar.
    Aunque al final te llené
    con toda mi creación
    porque de curso pasé.

  4. Avatar de Alicia Blasco
    Alicia Blasco

    Castigadas en un rincón o expectante en cualquier calle, algunas simulan un oh! de asombro y otras con apenas una ranura, como con ojos achinados. Reciben y atesoran todo lo que desechamos. Glotonas, mudas, que no pasen hambre.

  5. Avatar de Escaut
    Escaut

    Icono pequeño, pozo digital que duerme en una esquina. Abismo donde terminan los archivos tras su último aliento: fotos borrosas, música que nadie escucha, escritos que no se envían. Allí todo cabe, comprimido, esperando en silencio hasta que, con un clic, el olvido lo devora o la memoria lo resucita.

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